Viaje a Venezuela
Cambio de vida, tras duros años de compaginar mi trabajo en la universidad, con mi poca rentable empresa, decido venderla.
Vendida ésta y soltero sin compromiso, esta vez quería realizar un viaje en solitario, vivir una auténtica aventura y diez días antes de las vacaciones me metí en internet y busqué vuelo a donde fuera. Hacía unos meses había descartado viajar a Guinea Ecuatorial, por el tema visado, ya que según me comentaron, las relaciones con España no eran buenas. Miré muchos otros destinos, pero opté por un vuelo económico a Caracas (Venezuela). ¿Que sabía de ese país? Más bien poco, que hacen culebrones, que tienen un mandatario llamado Hugo Chavez y que su naturaleza es espectacular, con numerosos parques nacionales como: Canaima, los Roques, Mochima, etc...
Cuando faltaban tres días para marcharme, en la noche de San Juan, quedé con la gente del gimnasio para salir de fiesta. Entre el trabajo y el cuidado de mis hijos (hago custodia compartida), la verdad es que nunca salía. Esa noche nada más llegar a casa de una amiga del gim, encontré un ángel, había venido una amiga suya que se llamaba Lourdes, guapa, más que eso, una belleza. Creí se trataba de la típica tía guapa, creída y tonta, cuando cruce tres palabras con ella descubrí que además de guapa, era una de las personas más inteligentes que he conocido nunca y buena como pocas, no me separé de ella en toda la noche y nos contamos media vida. Me caso este septiembre, enamorado como un tonto desde aquel día.
Me voy a Venezuela
Voy al aeropuerto del Prat y tras numerosos cambios de puerta de embarque subo al avión. Transbordo en Madrid y última llamada a Lourdes. Por fin cogemos el avión definitivo y me siento al lado de una pareja de ancianos venezolanos muy amables. Me cuentan cosas de su país y empiezo a flipar, que si es una locura el ir solo, que tenga cuidado con los "malandros", que no me fíe de nadie, que no salga solo de noche. No tenía ni idea de donde me acababa de meter, es uno de los países más peligrosos del mundo, donde un solo fin de semana puede haber cerca de un centenar de muertes violentas en la capital. Dios vendito, ¿no querías aventura?, toma aventura. Fui hablando con más gente y en vez de tranquilizarme, me asustaba cada vez más. Un azafato estuvo charlando conmigo y me aseguró que les prohíben moverse del hotel. Dije, bueno, cuando llegue me cojo un vuelo a la costa o al interior, zonas rurales más tranquilas. Llegamos al aeropuerto y era de noche, ni un vuelo a sitio alguno, me tocaba ir a Caracas. Eso que escucho hablar en Catalán y voy como una flecha, era un chaval de Barberá del Valles (al lado de Sabadell) que iba con dos venezolanos afincados en España, a hacer negocios de telefonía. Me dijeron que si quería les podía acompañar al hotel y les agradecí su atención. Cenaron en una hamburguesería del aeropuerto y nos marchamos en el coche de su cuñado, un peazo de carro que lo flipas, era un todo terreno de EEUU muy potente y guapo, con los cristales tintados, como todos los coches en Venezuela. Hay muchos coches y muy potentes, ya que por dos o tres dólares llenas el depósito y pude ver un montón de Hammer y otros coches caros. País de contrastes Venezuela. Pasamos por extensísimos barrios de chabolas que se encaramaban por interminables colinas, royo Río de Janeiro, auténticas favelas.
Me siguieron asustando en el trayecto sobre lo mal que se habían puesto las cosas, a nivel de delincuencia, últimamente y que no fuera tonto y no me fuera a dar bandazos con la maleta de noche. Les hice caso y me metí en el hotel. Que pasada de hotel y de precio, era la puñetera copa América y estaba todo a tope. Como no me gusta el fútbol no me había enterado y no me quedaban muchas más opciones que pagar una pasta por esa habitación. Se marcharon a hacer sus negocios y yo me fui a cenar, pateando calle algo asustado. No había ni dios en pleno caracas y eso impone respeto. Encontré un típico restaurante popular y me senté a cenar, como si llevara toda la vida en Caracas. Cené una carne excelente de vaca con arroz y judías. La carne, según me comentaron, la importan de Brasil y está francamente buena. Me fui al hotel. Mensaje a Lourdes comentándole que andaba algo acongojado y que me iba a zonas rurales más tranquilas por miedo a un secuestro, atraco o algo peor. Me encontré con los compañeros de Barberá que se ofrecieron a cambiarme dinero, si lo cambias en un banco te estafan, te dan 1500 bolívares por euro y en el mercado negro 4500, 5000 o incuso más, más dinero para gastar. Como tenían cuenta en la Caixa, no hubo problema, a un precio intermedio, ni patí, ni pamí. A dormir.
Caracas
Me desperté y al buffet, excelente, había de todo y más, no me extraña a ese precio. Me fui a dar una vuelta a Caracas y mirar otro hotel, más económico. Pateando calles descubrí lo que sería una tónica en el viaje, los enormes, lujosos y concurridos centros comerciales de Venezuela. Encontré hotel y me fui a comer a un restaurante que era de un gallego, me comí un pulpo a feira, unos camarones (gambas), ensalada tropical y un excelente vino chileno, buenísimo. Lo que estaba espectacular son los jugos, hay puestos callejeros o locales por todas las ciudades y son increíbles y baratos, los hay de lechosa, tamarindo (el mejor), maracuyá, melón, mango, etc. una virguería. Pase luego por un edificio oficial y había un follón importante, una manifestación y casi hostias. Ni hotel, ni leches, me voy a la playa. Me despido de mis amigos, dejándome el móvil en su habitación, único lugar donde tenía apuntado el teléfono de Lourdes, después de mi tranquilizador mensaje de ayer no volvería a saber nada más de mí hasta mi retorno. Cojo las maletas y al aeropuerto de Maiquetia en taxi. Miro los vuelos y veo uno barato a Cumaná, en el estado de Sucre, pues vamos a Cumaná, que según tenía entendido, quedaba cerca del parque nacional de Mochima.
Cumaná
El avión era muy pequeño y llegamos en una hora y algo. El aeropuerto también era enano y estaba en las afueras. Tomé un taxi que me llevó a un hotelito muy guapo, nuevo, limpio y económico. Estaba en la avenida costera que va hacia el puerto, me apalanque las cosas y como era de noche me fui a buscar restaurante. Anduve por la calle, a ratos iluminada y poco transitada, donde acababan los hoteles y bares empezaban las chabolas, un kilometro y medio hasta llegar a un restaurante muy guapo, todo de madera. Cené bien, pescado, gambas, calamares, plátano frito, yuca, etc. La comida en Venezuela es correcta, no es muy de diseño pero es fresca, de calidad y a precios más o menos buenos. No es tan buena como en España, Grecia o China pero si la comparamos con la alemana o australiana es un auténtico manjar. Se parece a la española por sus ingredientes, con un toque tropical. En fin cene de lujo y me puse a conversar con el camarero.
-¿Va usted en coche verdad? Me comentó.
-No, le contesté. ¿Por qué?
-Es que ayer había tiroteos de una parte a otra de la calle. Tenga cuidado.
Que chungo, al final me enteré que Cumaná era peor que Caracas, que a él le habían atracado a punta de pistola y que varias bandas rivales, se disputaban el pueblo a tiro limpio. Me fui andando con un poco de canguelo y me tomé un cóctel cerca del hotel. Luego a dormir.
Venezuela es un país para visitarlo acompañado de amigos venezolanos que te lleven, ellos saben cómo funciona todo y como evitar los peligros, para eso están en su país.
Me desperté, desayuné un jugo en la calle y al puerto a comprarme una caña de pescar, ya que la mía se había roto pescando una melva. Iba cargado con mi maleta de pesca, con señuelos, un tubo portacañas y mi caña de jigging, ya que quería hacer algún artículo sobre la pesca a spinnig y jigging de los numerosos y enormes peces venezolanos. En la tienda conocí a los redactores de una revista que cuando se enteraron que yo también estaba vinculado en ese mundillo me invitaron a ir a pescar a la península de Paria. Enormes tarpones vírgenes para la pesca deportiva nos esperaban. Una oportunidad única. Pero tendría que esperar unos días por lo que decidí hacer algo de turismo mientras tanto. Pasé la tarde en el centro comercial y cené en un japonés económico, el mejor sushi y sashimi que he comido en mi vida y soy aficionado hasta el extremo de prepararlo yo en casa. Unos tacos de atún de frescos que aluciné. Tomé un taxi y le pedí al taxista que me llevara a una discoteca que me habían recomendado, me dijo que no fuera, ayer mataron a uno y hoy tocaba un probable ajuste de cuentas. Preparé en el hotel la excursión de avanzadilla a Mochima.
Por la mañana visité el centro histórico de Cumaná, es precioso, con aire colonial y criollo, la mayoría de la población tiene antepasados africanos y es algo distinta al resto de Venezuela. Cumaná es la primera población que se formó en el continente americano, islas aparte, es muy antiguo y me quedé con ganas de conocerlo mejor. A medio día tomé un bus a Mochima, tras un trayecto de una hora llegamos al cruce donde sale la carretera a Mochima y allí me dejó el bus, unos kilómetros faltaban para llegar y una persona que estaba allí paró una furgoneta que amablemente y sin pagar nada nos llevó.
Una vez en el pueblo busque en el puerto una barca para pescar, encontré una y quedamos de acuerdo para pasado mañana, pero a medida que hablaba con el propietario me iba dando cuenta de su total desconocimiento de la pesca.
Por poco dinero me llevó a playa blanca a pasar el día. Es una cala preciosa, de aguas trasparentes y con algún restaurante. Un auténtico paraíso. No es la típica playa con cocoteros, la vegetación es arbustiva, con grandes cactus y unos fondos prístinos, no en vano es parque nacional marítimo terrestre.
Dentro del parque hay zonas selváticas, a pocos kilómetros, en las que hay hasta jaguares. Me bañe y pasé de alquilar hamaca, me puse debajo de un árbol de hojas redondeadas, que ya conocía de mi viaje a Cuba. Me tomé un mojito y la mejor piña colada de mi vida por dos euros cada uno y me quedé a comer un excelente y barato pescado con ensalada, plátano frito y una arepa, que bueno. Entable conversación con un policía venezolano y unos amigos de él, empresarios mexicanos, muy cachondos y enrollados, me invitaron a pasar por su casa en México. Estaban siguiendo la copa América. Luego ya tarde retorné a Cumaná y decidí no ir a Mochima, sino ir a la vecina Santa Fe, otro pueblito donde buscaría un más experimentado pescador.
Me despedí del hotel desayunando un pabellón criollo, excelente, que llevaba pescado (en esta zona en vez de carne lleva pescado), arroz, frijoles y plátano. Negocié el viaje con un taxi y rumbo a Santa Fe cargado hasta los topes. Paramos a tomar un coco frio, es un coco que tienen en hielo y te lo cortan al momento, más de un litro de fresco jugo tienen dentro y por muy poco dinero.
Busque una posada y encontré una a pié de playa bastante económica, con aire acondicionado, a comparación del resto, craso error. Me fui a ver el pueblo, era bonito, muy colorido y con muchas chabolas. Los pelícanos reposaban sobre las barcas y las fragatas volaban en lo alto. Fui a comer al restaurante del puerto, una pasada de bien, comí pescado fresquísimo y me dijeron que mañana habría lampuga, que me encanta.
Me puse a pescar desde la playa con mis señuelos con nulo resultado. Conocí a dos norteamericanos que el primer día en Caracas ya los habían atracado, quitándoles todo absolutamente.
Luego busque una barca y tras hablar con su propietario, que sabía de pesca, llegamos a un acuerdo y quedamos para mañana. En la posada había un cangrejo que iba de aquí para allá por los pasillos, muy silvestre todo, había mucha fauna, demasiada a juzgar la noche que pasé. Cené en el mismo restaurante, esta vez lampuga y luego una cervecita Polar Ace, para matar el tiempo antes de dormir. Por la noche el pueblo está muerto y además es peligroso. Empezó la noche terrible. Miles de chinches se cebaron en mi cuerpo cuando apague la luz y no pude dormir, me puse Relec , un repelente de insectos muy potente por todo el cuerpo, vaya nochecita pasé. Me quería quedar varios días y me fui al día siguiente.
Me levanté a las 7 y fui a desayunar al puerto. Me comí 2 deliciosas empanadas de pollo tiradas de precio con una salsa verde y otra roja. A las 8 de la mañana me puse en la playa con mi equipo de pesca y para mi sorpresa aparece el propietario de la barca y me dice que se le ha roto el motor. Joder, no daba una. Pesque toda la mañana el puerto y cogí mis maletas y a la aventura, me quedaban un par de días para ir a pescar tarpones y opte por hacer turismo yendo a Puerto de la Cruz, una ciudad costera turística e importante. Me monté en un bus con mis mil maletas y apretado con un montón de gente. La gente es amable pero con un carácter más parecido al español, no son empalagosos como pueden ser algunos cubanos, son respetuosos y simpáticos pero manteniendo una agradable distancia. Llegué y me puse en camino hacia el puerto en busca de un hotel. Por la copa América estaba casi todo lleno. Encontré un agradable aparthotel y dejé mis cosas.
Fui a dar un paseo y me encontré un gallego que llevaba muchos años en Venezuela, nos tomamos una cerveza en un puesto callejero, de los que hay muchos y me explico que también era bastante peligrosa la ciudad y donde había españoles. Le hice caso y fui a comer a una bonita marisquería, no muy cara, regentada por un español. Comí arroz con marisco y de segundo gambas. Me acerque a conocer al dueño y resultó ser de Barcelona. Estuvimos charlando toda la tarde junto a un amigo gallego de él, incluso me dieron auténtica paella, luego me invitaron a tomar algo en el casino, me lo pasé genial ese día. Me comento que si quería cambiar moneda el me la cambiaba al día siguiente, me iría de perlas le dije. Esa noche me fui a la discoteca, bueno a las discotecas de la zona nueva ya que valían dos duros y entre a varias por noche, además estaban juntas, eran una pasada, con partes al aire libre y música en vivo, pero música muy guapa, tan guapa que repetiría al día siguiente. Caipiriñas buenísimas por cierto.
Me levante y fui a pasear, cambiaría el dinero y tomaría un bus hasta Carúpano, donde habíamos quedado para ir a la península de Paria. Fui a comer al restaurante con la intención de que me cambiara, favor mutuo ya que él también ganaba con el cambio ya que podía posteriormente vender los euros más caros. Me dijo que me cambiaría lo que yo pedía pero que me quedara todo el día y en vez de pillar un bus pillara un taxi. Era muchísimo más caro, pero si me cambiaba el dinero podía considerarlo, acepté. Decía que no era tan peligroso y que si te enrollabas con la gente no había problema, otro punto de vista menos negativo, aunque la verdad es que no hay vida nocturna más allá de la zona de las discotecas, un paseo como en España o tomar algo en una terraza fuera de la zona de hoteles es impensable. Esta vaina para aquí, esta vaina para allá, fue un día divertido, me llevó a numerosos locales, donde me presento a un montón de gente interesante, un aventurero de la selva amazónica (buscador de oro y diamantes), algunos españoles, canarios en concreto y quería presentarme al cantante amigo suyo Marco Antonio Solis que estaba en la ciudad. No lo conocía y ahora me encantan sus canciones. En fin, me lo pasé genial. Hasta que llegó el taxi y el muy desgraciado va y me dice que no tiene más que una tercera parte del dinero acordado para cambiarme, que era algo más de lo que vale el taxi, podía haberlo dicho antes ya que a esa hora no llegaría en bus. Me eche a llorar, voy a Venezuela a que me joda un catalán, tiene guasa, le dije que era un impresentable, le dejé colgado el taxi y a buscar hotel, se acabo la pesca para mí. Frustrado, sin dinero cambiado y los hoteles llenos, conseguí uno más caro y peor, en la zona del puerto donde estaba toda la prostitución y daba miedo hasta salir de noche a pillar un taxi. Definitivamente, no daba pie con bola.
Al día siguiente fui a conocer la ciudad, me la patee enterita y planifique el resto del viaje. Objetivo Canaima, a ver si no se me torcía todo. Comí en una taberna por 4 euros, medio pollo con arroz, yuca, plátano y bebida, una pasada. Me enteré que en la estación de autobuses se puede compartir coches particulares por poco dinero y decidí ir a Puerto Ordaz camino a Canaima. Esa noche cene un caldo consistente por un euro y luego a la discoteca a pasar el rato. El taxista que me llevó era un tío genial y se vino de fiesta, joder siempre conocía a la gente cuando me marchaba, es lo que tiene ir de aquí para allá sin rumbo fijo.
A la mañana siguiente compartí vehículo, el camino era largo, de varias horas, el paisaje variado, a tramos boscoso, con praderas y un largo trecho con pinos, ¡coño si parece España!
Luego, tras parar a desayunar un gran bocadillo, que te montan en una gasolinera con los ingredientes que pidas, llegamos al enorme puente que cruza el Orinoco. Es realmente impresionante, pedazo de río. Uno de mis acompañantes me dio su teléfono para ir otro día a enseñarme la región, muy amable por su parte. Puerto Ordaz y ciudad Bolívar son las ciudades del dinero en Venezuela, donde se cierran negocios de todo tipo: bauxita, petróleo, diamantes, oro, etc. Hay muchísimos centros comerciales, poca cosa más para hacer, si lo llego a saber, pero la aventura es la aventura y unas veces sale bien y otras mal. Cogí un hotel que me recomendaron, en un barrio miserable lleno de putas y yonkis, hay muchísimo drogadicto. Fui al aeropuerto y hay una agencia que me dio un vuelo con estancia en Canaima a precio razonable. El dueño es un italiano afincado en ese país y se ofrecio además a cambiarme dinero para pagar el viaje, por fin cambio y me sale mejor el viaje de precio. Me lleva a su oficina a firmar el contrato y hacer el traspaso por internet y me cuenta lo peligroso que está todo, un sicario cuesta en ese país no más de 50 euros y que lo que llevo en el bolsillo vale más que mi vida, también que tenga cuidado con los taxistas que algunas veces atracan y hacen desaparecer a la gente, ya me iba acostumbrando pero siempre alerta. Llame al chaval del coche y me paso a buscar, me llevo a la presa, es la presa, es algo digno de ver, impresionante. Más tarde fui a cenar a un restaurante de un español y comí muy bien, tras la cena veo dos hombres sin acento venezolano y les digo:
- hola, os importa que me siente ¿sois españoles?
-Unos dicen que sí y otros que no, somos Vascos.
-Muy bien, que tal, yo soy de Sabadell, Barcelona.
Empezamos a charlar y me comentaron que estaban por negocios. Charlamos y bebimos durante una hora. Eran personas muy cultas, hablamos de naturaleza, del país, de política entre otros temas y era una gozada departir con ellos, hasta que uno de ellos me espetó:
-¿Quien coño eres y a que has venido?
Yo estaba flipando, le explique mi viaje y me vio tan acojonado que creo que se lo creyó. Me dijeron quienes eran y que de vez en cuando les mandaban gente a tocarles los huevos. Sin tanta tranquilidad por mi parte charlamos un par de horas más y se ofrecieron a llevarme. Si me negaba parecería que escondía algo, por lo que me encomendé a dios (no soy creyente), pensé que pase lo que tenga que pasar y me monte en el coche. Creo es el día que he pasado más miedo de toda mi vida. Me dejaron en el hotel y se marcharon. En la puerta del hotel le di unas monedas a una yonki o prostituta que iba pidiendo y me fui a dormir. Aun me temblaban las piernas. Peligrosos españoles en Venezuela.
Canaima
Fuí al día siguiente al aeropuerto y tras tomarme un jugo embarcamos en una avioneta grande, más que avión, yo justo detrás del piloto, vaya medidas de seguridad si quisiera lo hubiera estrangulado. El trayecto es espectacular, nada más despegar ves el Orinoco y las zonas inundadas por la presa, nunca he visto tanta agua dulce junta, tardas un buen rato en sobrevolarla. El resto del camino es un paisaje selvático, con ríos de color rojo (por los taninos), y sin vestigios de humanidad alguna, más de una hora sobrevolando selva, sabana y pantanal donde abundan tapires, anacondas, jaguares, ocelotes, guacamayos, etc. Como para que se estrelle el avión. Poco a poco aparecen los tepuyes, un auténtico espectáculo natural. Yo había leído la novela Icaro, de Alberto Vázquez Figueroa, que trata sobre Jimmy Ángel, piloto y aventurero que descubrió el salto Ángel, la catarata más alta del mundo, con unos 1000 metros de caída y desde entonces siempre soñé con Canaima. Intentamos sobrevolar el salto, pero las nubes lo impedían. Llegamos a Canaima sobrevolando la laguna y los saltos impresionantes que hay en ella. Era mejor de lo esperado, era el paraíso terrenal, nunca he visto nada más bello. Como no hay carreteras y solo se llega por aire o en 4x4, con gran dificultad, no hay delincuencia.
Nos estaban esperando para llevarnos al campamento, como iba solo y había pedido una ampliación de 2 días, a los 3 días del paquete, me pusieron una habitación para mí. De coña. Dejé las cosas y fuimos a comer. En una sola pared pude contar más de 20 especies distintas de polilla, sin duda hay buena biodiversidad. Se presentaron nuestros guías, ya que tenía contratadas una excursión al salto del sapo y 2 días en salto Ángel, durmiendo en una hamaca en la selva, eran indios Pemón, nuestro guía se llamaba Jetulio y enseguida hicimos buenas migas, era muy majo.
Voy a comer y oigo hablar en Español sin acento, era una chica, le digo ¿sois españoles? Y me contesta que no, son de diversas nacionalidades, ella es austriaca, aunque su madre es española, son diplomáticos y hablan bien el español. En el grupo hay italianos, franceses, ingleses y un par de chicas muy majas, venezolanas. Comimos pollo con arroz y quedamos a una hora para la excursión. Yo fui a la laguna de Canaima, con estas dos chicas y el guía, nos fotografiamos y admiramos tanta belleza, es sobrecogedor, impresiona. Intenté pescar sin éxito.
Luego fue llegando la gente y montamos en 1 curiana, que es un bote de madera a motor. El ruido de las cataratas es ensordecedor y te mojas a distancia. Tras navegar cerca de las numerosas cataratas llegamos a la isla y tomamos tierra. Estábamos en plena estación de lluvias, la mejor para admirar este paisaje en su máximo esplendor. Anduvimos camino del salto del sapo, una inmensa catarata que tiene un camino en su interior, o sea, pasas por debajo, si te resbalas estas muerto, por lo que hay que andar con un poco de ojo, la fuerza del agua es impresionante. Cuando cruzaba me entraron ganas de llorar, aun se me pone la piel de gallina de la emoción al recordarlo.
Antes de morir todo el mundo tendría que poder ver Canaima y el salto Ángel. Cuando cruzamos nos pudimos bañar en la base, a un lado y con cuidado, la fuerza del agua hacía daño. Perdí una chancla y me tuve que ir descalzo, como los indios, el terreno era agradable y no dolían los pies.
Subimos por un camino hasta la parte superior de la catarata y el espectáculo sobrecogía, con la laguna rodeada por tepuyes, no fui de casualidad, ya había estado antes, puede que en otra vida, me sentía en casa. Es una sensación que no he tenido en ningún otro lugar. En este viaje, yo, persona pragmática donde las haya, cambié, pasaron cosas, demasiadas casualidades que me hicieron replantearme mis creencias, sobre dios, energía, espíritu o cualquier otra forma de llamarlo. Ahí estaban también ellos, los puri puri para devolverme a la tierra, son unos pequeños insectos que muerden casi sin dolor, pero que luego pica y duele horrores y era la hora y el lugar peor. Me pusieron tibio. Hay una tienda, de un canario, que me cambió también moneda, en la tienda tenía de todo y me compre unas chanclas nuevas. Cenamos pollo, bueno, me gusta. Por la noche había copa América y eso me aburre por lo que me eche sobre una mesa a observar el cielo, limpio y lleno de estrellas. Se me acerco la chica austriaca y estuvimos buena parte de la noche charlando, muy interesante, un placer hablar con ella.
Nos levantamos a desayunar, había un huevo frito y una arepa. Me moría de hambre y pedí más, aunque fuera pagándolo.
Nos llevaron andando por un camino en la selva hasta un puertecito, a unos 100 metros de la caída de la catarata, ¡para que se rompa el motor!. Nos montamos, yo me puse el segundo y delante de mí un indio Pemón, que hacía de guía. Remontamos el rio y nos desembarcaron al principio de un tramo de rápidos, hicimos un tramo andando por la sabana hasta una zona más calmada y los indios remontaron los rápidos con la curiana. Nos sentamos en la misma posición y remontamos el río, unas tres horas. Charlé sin parar con el indio que me explicó que era Camaracoto, una etnia de las tres Pemón.
Están los camaracoto, los arecuna y los taurepán. Estuvimos hablando de sus costumbres, la caza, los animales de la región, charlamos, largo y tendido sobre su magia, el tarén, la reencarnación, los hechizos protectores y malignos y sobre los indios selváticos que muchas veces raptan a los Pemón. No me extrañaría al ver tan impenetrable, gigantesca e indómita selva.
El tarén es tan real como el agua, las nubes o el MP3 que llevaba el amigo, nosotros los occidentales hemos perdido ese don y ellos lo viven con una naturalidad pasmosa. Me enamoré de la cultura Pemón y de la calidad humana de estos indios, extrovertidos y sanos. El paisaje era impresionante, una frondosa selva bordeaba el río y ante nosotros se erigían inmensos tepuyes de los que caían incontables cascadas. En una roca de un tepuy pudimos ver una bien definida cara humana, le llaman el indio. De animales pudimos ver guacamayos, colibríes y unas inmensas mariposas azules. No obstante la fauna era más cauta que en Australia, quizá por la presión de los indios. No había cobertura de móvil, ni radio, ni ningún sistema de comunicación. Les pregunté qué pasaría si te pica una serpiente de cascabel, muy abundantes y su respuesta fue clara, que te mueres. Poco a poco remontamos el río Churún y nos fuimos acercando al Auyan Tepuy donde se vislumbraba el salto Ángel.
Paramos la curiana en la orilla, comimos un sándwich de pollo y aun nos quedaba una buena caminata por la selva hasta llegar al pie del salto Ángel. Cruzamos un riachuelo rojo como la sangre.
La selva era frondosa, con arboles enormes cargados de epifitas y plantas de gigantescas hojas. Nos advirtieron sobre unas enormes hormigas negras, estaba lleno, que te pican y dan fiebre. Pues voy y me apoyo en un tronco y dios ¡Que dolor!, una inmensa hormiga enganchada en mi mano, terrible y dolorosa experiencia, aunque era de otra especie que no da fiebre. Estaba extasiado por todo lo que veía y cuando más aluciné fue en el mirador del salto Ángel, tanta belleza no puede ser casual, tiene que haber algo más.
Ante mí el espectáculo más impresionante del mundo, un enorme salto de agua de1000 metros, difícil de narrar esa experiencia.
Luego llegamos a su base y nos bañamos. Uno de los integrantes se confió y la fortísima corriente lo llevaba sin remedio bajo la cascada, mortal de necesidad, yo mal nadador, no me atreví a ir en su auxilio y se tiraron tres personas y consiguieron sacarlo. Yo salí del agua por las rocas llenas de musgo con tan mala fortuna que resbalé y caí de golpe unos tres metros de espaldas. Me llevé un buen susto y tremendo golpe en una pierna que me sangraba, además del susto del resto de integrantes de la excursión. Fuimos bajando, no sin pararnos a admirar el espectáculo del salto otra vez. Un buitre volaba a los pies del salto, majestuoso y tranquilo.
Llegamos a la curiana y atravesamos el río hacia el campamento, éste era un techado con hamacas y suelo de arena. Me agencié una hamaca hacia el final y fui a explorar un poco la selva. Los Pemón empezaron a hacer un fuego para cocinar, al estilo indio, ¿a ver si lo adivináis? Pollos ensartados en un palo. Estaba empezando a ponérseme cara de pollo. Cenamos y charlamos, luego fui a la selva con una linterna, pero me impresionó demasiado, estaba demasiado aislado y volví al campamento. Aunque no había allí puri puris cada hamaca tenía su mosquitera. Hacía frio y no me llevé ninguna muda de ropa, ni ropa de abrigo. Una vez nos enseñaron como dormir en la hamaca lo intenté, fue horrible, cogí una que olía a perros muertos y no había otra libre. Tras dos horas de intentar dormir, me tiré al suelo de arena.
Me llamaron la atención por el tema serpientes, pero prefería correr el riesgo, a soportar ese olor toda la noche, no dormí y además estaba helado. Pasé de pedir una manta repugnante. Cuando clareó me fui a pescar otra vez, sin éxito, que pasada. Desayunamos huevos otra vez y volvimos a Canaima. Durante el camino de vuelta pasamos por una balsa formada por un tributario que se llamaba el pozo de la felicidad. Le preguntamos por qué se llamaba así y nos dijeron que había una pareja de alemanes que se llevaban fatal y fueron a bañarse, el marido se ahogo y ella regresó muy feliz a Alemania. Vaya cachondos los Pemón.
Por la tarde, fui a tomar algo al bar de la laguna y a ver el pueblito y la artesanía, tienen cosas interesantes en madera y collares guapos con semillas, huesos y dientes de los que compre algunos como regalo. Cenamos, ¡POLLO! Según nos dijeron, la comida se trae en avión y por eso escasea. Intente que me dieran comida Pemón, pero se les había acabado. Cogen unos inmensos gusanos blancos de palmeras caídas y los cocinan, no pude probarlos. Lo que si compré fue salsa hecha con hormigas, muy buena por cierto. Fuimos a dormir ya que estaba reventado y al día siguiente partía el grupo, todos menos yo.
Nos levantamos, comemos huevos y me despido de la gente. Me quedé todo el día acompañando a mis amigos Pemón, ya sin grupo que guiar y mucho más relajados. Me presentó Jetulio a su padre y quedé al día siguiente para pescar con él al estilo Pemón. Fuimos luego después de comer pollo a tomar unas cervezas a un local, que sirve de bar y estuvimos comentando y riendo toda la tarde. Me contaron muchas historias reales sobre su magia y disfruté sobremanera. Uno de los indios estaba ligándose a una guapa suiza que estaba de paso. Más tarde, en la cena, nos sentamos los únicos huéspedes del campamento, la suiza, el indio Pemón que estaba liado con ella, un chico israelí, que viajaba tras su servicio militar y yo. La cena, de pollo con arroz, fue una pasada, cuatro personajes tan dispares contándonos la vida, luego la suiza y yo fuimos a comprar, a medias, una botella de ron para alargar la velada y nos quedamos los cuatro charlando hasta tarde.
Día de partir, me levanto, hago la maleta y me voy a pescar con el padre de Jetulio. Preparamos los cebos, los anzuelos y el sedal. Aquí se pescan peces gatos con sedal a mano.
Tampoco sonrió la suerte esta vez. Mientras pescabamos pasó un español y comentamos cosas de la pesca, más tarde me quedé solo, recogiendo los aparejos y vuelve a aparecer ese hombre, charlamos un rato y le invito a tomar algo, es un catedrático de la complutense de Madrid y está en el país para impartir una conferencia, es experto en medicinas alternativas, me explico, durante casi dos horas, que estuvimos charlando cómo funciona la materia y la energía, hablamos de muchos temas, dios, la espiritualidad, etc. Yo, el hijo pragmático e incrédulo de un parapsicólogo bastante conocido, que toda la vida se ha reído de estos temas, como por arte de magia cambia el chip, parece que me buscaba durante todo el viaje, demasiadas casualidades. Como conocer a una persona tremendamente espiritual la noche de San Juan, ¿casualidades? En fin, ya se verá, partí algo cambiado de Canaima.
Puerto Ordaz
Me quedaban dos días para volver a Caracas y partir a España por lo que me quedé en Puerto Ordaz. En la posada Anita, lugar donde se hospedó Diego Armando Maradona, que preside el comedor con una foto suya. Bonita posada en la que había un camarero muy amable que tenía una visión algo distorsionada de los españoles por culpa de algunos cafres que habían ido al país a ponerse hasta los ojos de droga por cuatro duros y encima alardeaban de ello. Charlamos de numerosos temas, entre ellos el político. En Venezuela, en casi cualquier lugar puedes escuchar conversaciones políticas, discusiones e incluso mofas hacia los políticos, la gente no muestra miedo alguno. Muy al contrario de lo que pude ver en Cuba, yo como siempre, escucho y opino lo justo de este tema. Aunque en pocos días te haces una idea muy clara de los problemas del país.
Los puri puri se habían cebado en mis piernas y las tenía llenas de heridas, hinchadas como botas y algo oscuras.
Pase los dos días con fiebre bastante alta, aun así salí. Fui a cenar a un restaurante conocido y de repente cuando iba a entrar veo que hay un cristo montado, el servicio de seguridad del restaurante, policía llegando, gente saliendo, en fin, había intentado secuestrar a un tío a punta de pistola, no lo consiguieron gracias a la seguridad del local. Luego de fiesta a un local muy guapo que me recomendó el camarero, llamado fiesta brava.
Me desperte. Compre unos buenos candados para las maletas, por si acaso y me iba al aeropuerto cuando pare el taxi en un cajero, saque dinero y cuando nos marchamos, a un par de kilómetros se nos cruza la policía, salen del coche dos polis enormes, con pistolones en el cinto y vienen al coche, me piden documentación, habían atracado a alguien en ese cajero hacía un momento, les doy mi pasaporte, les enseño el dinero y el justificante y me dejan marchar, que jiñe. En el aeropuerto estaba la famosa miss Venezuela Veruska y tomó el mismo avión que yo, se le quitó todo el glamour cuando se espachurro con la cabeza en la bandeja a dormir. Por fin de vuelta a España a pasar un mes con diarreas terribles.
No fue un viaje perfecto, pero en fin, la aventura es la aventura.
Investigando luego he podido comprobar que se trata del país más peligroso ahora mismo del mundo. Mirad un fragmento de este artículo del alcalde de Chacao:
(Chacao 13/06/06) Con cifras oficiales en mano pertenecientes al CIPC, la Fiscalía, y el Ministerio Sanidad y Desarrollo Social, el alcalde de Chacao demostró que Venezuela es el país más violento del mundo, realidad que han comprobado cerca de cien mil familias en los últimos ocho años, luego de ser protagonistas de la lamentable estadística oficial que indica que cada media hora, una persona cae asesinada.
Luego de efectuar un diagnostico en conjunto con diferentes expertos en materia de seguridad, ONG´S e instituciones relacionadas con los Derechos Humanos, López presentó a la opinión pública los números que han convertido a Venezuela en uno de los países más violentos del mundo -confirmado por cifras de la propia UNESCO: "En los últimos ocho años la violencia en el país ha aumentado de manera vertiginosa, hasta llegar al punto de que 44 familias se enlutan a diario. A esto se le suma la impunidad, en donde encontramos que, sólo siete de cada cien asesinos va a parar a la cárcel y para colmo, según cifras oficiales del CICPC, ha aumentado en 426% los casos de secuestros".
Cifras Negras
"Desde 1998 hasta este año los homicidios han aumentado en 128 %, las muertes violentas indeterminadas en 74%, los homicidios con armas de fuego en 36%, los secuestros en 426% y las muertes en enfrentamientos con policías en 253%, agravándose esta última cifra en la ciudad de Caracas, al encontrar un aumento en esta materia de 791%".
Afirmó López que "Comparativamente hablando, Venezuela con sus 100 mil asesinatos en los últimos años supera en muertos a la guerra de Afganistán, iniciada en el año 2001 hasta nuestros días con 33 mil muertos; la guerra del golfo en IRAK 63 mil muertos; la Insurgencia de Chechenia con 50 mil muertos y el conflicto armado de Colombia que en los últimos 10 años ha cobrado la vida de 73 mil ciudadanos".
Para el alcalde de Chacao, uno de los factores que permitieron que el país haya alcanzado tales picos de violencia radica en "el nivel de impunidad que existe en Venezuela. De cada 100 homicidios que ocurren en el país, 93 de ellos quedan impunes. Esto quiere decir que ni el Ministerio Público, ni los Tribunales están haciendo su trabajo. Sus propias estadísticas reflejan lo ineficiente que son. De los 44 homicidios que ocurren a diario, sólo uno termina con el responsable preso. Es por ello que le hacemos un llamado a los poderes públicos, para que asuman su responsabilidad y le den una respuesta a los venezolanos".
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